Recuerdo la primera vez que tuve entre mis manos una historieta del dibujante Suizo Thomas Ott. Se trataba de un ejemplar de "Greetings From Hellville", que había llegado azarosamente a manos de un amigo en Santiago de Chile. La lectura de "Greetings..." fue poética, aterradora y sugerente. Sus imágenes se prendieron a mi retina por largo tiempo y se negaban a huir de ahí. El ejemplar no entregaba dato alguno del extraño autor del que jamás antes había oído hablar y me propuse averiguar más. No pasaron muchos años antes de que nuevamente el azar me regalara una segunda y mejor oportunidad para ello. Fui invitado a "Viñetas con Altura" (El II Festival Internacional de historieta realizado en Bolivia), evento que, para mi asombro, me puso frente a frente con el autor de esas increíbles páginas que me dieran vuelta la cabeza.
Thomas Ott es ilustrador, dibujante de historietas (Tales Of Error, La Douane, La Bette a Cinq Doigts, Greetings From Hellville, Recuerdos de México, el álbum recopilatrio Exit, etc.), realizador de cortos cinematográficos como Fleisch, Nocturne, Sandmanchenn y músico eventual. Lo más evidente que te pasa al enfrentarte a las páginas de Ott, es que lucen llenas de masas blancas sobre fondos negros, ya sea pintadas o raspadas, según esa técnica suya que da a sus dibujos una extraña cualidad de grabados exquisitos y en los que se puede adivinar el esfuerzo de cada trazo, de cada línea. Ott ha creado un estilo absolutamente inconfundible y sus relatos mudos están muy cerca de la pesadilla deprimente y del lado oscuro y aterrador que esconden los rincones más inhóspitos de la psiquis humana. Ciertamente, no es un autor que agrade a todos, pero es innegable que su trabajo tiene poder y asombra por la tremenda calidad de su oficio.
La muerte violenta, absurda, es un elemento central en su obra, en que también se pasea otra idea no menos aterradora, la del cuerpo mutilado, mutado, cosido, vejado. Sus historietas parecen verdaderos films noir o piezas expresionistas, incluso algún episodio de lo mejor de Tales from the Crypt o las imágenes de un perdido film Snuff. Un humor negro y "visceral" campea en sus páginas junto a una mirada irónica que, a veces, linda con la piedad para con los despojados personajes que habitan sus oscuras historias. Todo parece presagiar que arrancar palabras a su autor debe ser una tarea titánica. Pero no es así.
Thomas Ott no es el personaje oscuro y depresivo que sus páginas parecieran anunciar, aunque efectivamente su cabello corto indique cierta cercanía a música como el punk o el hardcore y que sus ropas (al igual que las mías) sean las más de las veces negras. La excepción a la regla es su impecable traje color crema y su camisa con dos calaveras dibujadas por él mismo en el ancho cuello, suerte de prototipo de una serie de ilustraciones para ropa que, según me contó, prepara junto a un amigo. El traje lo lució una noche mientras bebíamos e intentábamos bailar dificultosamente en un local de La Paz, en medio del escaso oxígeno que se encuentra a esas alturas. Coordinando la ajetreada agenda de actividades que cada uno tenía, nos hicimos unos momentos para conversar.
"DIBUJO LO QUE ME DA MIEDO"
Ergocomics: Me llama mucho la atención en tu trabajo algo que tú mismo dijiste el otro día: la vida y la muerte son hermanas. ¿Qué te atrae de esa relación?
Thomas Ott: Siempre he dibujado lo que me da miedo. El dibujo es una suerte de exorcismo. Y la muerte es como el miedo fundamental de todos los miedos. El que tenemos en toda nuestra vida y en todo, en el amor, en todo lo que hacemos. Yo pienso que en cuanto a lo que aparece en mis dibujos, las calaveras, los esqueletos, eso es más un juego con el símbolo que lo que es realmente la muerte. De la misma manera que juego con la imagen de Cristo, de los santos, pero como símbolos que uso y con los que juego. En mis historias la muerte está muy presente, pero me interesa también cómo es que una persona llega a morir. Mis historias son moralistas. Siempre está el dedo que dice: cuidado, no hagas como éste porque si no te va a pasar lo mismo.
E: Trabajas un estilo gráfico a partir de una técnica muy particular.
T.O.: Carte a gratter. En español algo así como "tarjeta de raspar".
E: ¿Por qué no pintar el negro sobre el blanco como la mayoría? ¿Por qué prefieres hacer lo contrario?
T.O.: Obviamente, como todos, empecé pintando el negro sobre el blanco con el pincel y la pluma, pero me di cuenta que iba poniendo cada vez más negro e iba desapareciendo el blanco. Eran también historias que pasaban de noche y los temas que tocaba me llevaron a esta técnica de la Carte a gratter Ya antes había intentando está técnica, pero nunca antes me la impuse como LA técnica que iba a usar. Después la fui trabajando hasta que la desarrollé como la técnica que me ha resultado. Y ahora tengo problemas para dibujar el negro sobre el blanco, porque no me siento cómodo.
"HISTORIETAS SIN PALABRAS"
E: ¿Cómo llegaste a prescindir de los textos en globos y cartuchos en todas tus historietas?
T.O.: Eso es difícil de explicar, pero creo que es porque siempre he sentido más atracción por la imagen que por el texto en las historietas. Cuando tenía que elegir una historieta, siempre me fijaba más en las imágenes. El problema se me planteó cuando tuve que hacer mis propias historietas y tuve que pensar en dónde poner el texto. Usualmente se pone en globos, pero nunca me gustaron porque jamás supe donde adaptarlos gráficamente a mis dibujos. Y se fue dando lógicamente el ir prescindiendo de los textos. Cuando planteo una imagen y pienso donde poner el texto, siempre me pregunto qué es lo que desaparecería por ese globo o ese pedazo de texto.
E: ¿Qué convierte a una historia en una historieta ¿La planificación de la página? ¿La narración visual? Te lo pregunto de otra manera, ¿Qué diferencia habría entre una ilustración y una historieta?
T.O.: La diferencia se plantea en el momento en el cual, en lugar de haber una sola imagen, hay dos. Entonces ya empiezas a armar una historia. Dos imágenes ya es algo que se cuenta.
E: Hay un caso muy particular en tu historieta "La Bete a Cinq Doigts", construida únicamente con una viñeta por página y con primeros planos de manos y en la que efectivamente narras una historia.
T.O.: Yo hago mis páginas armando dibujo tras dibujo, nunca hago una página entera. Pienso que he logrado algo cuando veo los dibujos por separado y no necesariamente por páginas.
E: En el caso de "La Bete a Cinq Doigts" elegiste realizarla usando una limitación, sólo primeros planos de manos...
T.O.: En ese caso es algo especial. En realidad, la idea era contar una ejecución y, bueno, el cómo contarla tiene que ver con mostrar quién es el culpable de eso. Al final el culpable es el hombre, la mano que ejecuta, la mano humana. No siempre uso este recurso de la limitación. Lo usé en este caso particular para servir al relato. Desde siempre he armado historias sin palabras. Lo que me interesa son los ambientes que voy creando, más que la acción que se desarrolla en la historia misma. En general, decido ambientar mis historias en grandes ciudades que en realidad podrían ser cualquier gran ciudad del mundo o una sola misma ciudad del mundo que, generalmente, es medio sucia, medio decadente. Y como trabajo sin palabras, mis historias están reducidas a una sola acción principal. Por ejemplo, la historia de un hombre que sale de su casa y se hace matar en la ciudad, además de la idea de por qué sucedió aquello. En general, se me ocurren las ideas cuando estoy en la cama sin poder dormir y me imagino historias. En general, son algunas frases que me pasan por la cabeza y que podrían funcionar. Después lo pruebo contándolo a alguien. En general, me dicen: la historia es mala, pero si la dibujas puede llegar a ser buena. Para mí, el guión no llega nunca a ser algo tan desarrollado como para otros autores que escriben y desarrollan toda una historia. Primero pienso en lo que va a pasar en la historia en una sola frase. Luego la pongo en un contexto que le es propio y ahí decido cómo se va a armar el resto. No pienso en un desarrollo, yo sintetizo. Todo lo hago a partir de una idea central que luego va a ser el relato.
E: En "Recuerdos de México" los textos están integrados a la imagen como diseño y no desde fuera de ella, como una narración tradicional ¿Se trata de una inflexión en tu trabajo?
T.O.: "Recuerdos de México" no es propiamente una inflexión. Sucede que el relato es medio forzado porque arranca contando una historia de alguien que corta sus venas para llegar a tener los recuerdos, pero después todo lo que sigue no pretende contar una historia. En realidad, son ilustraciones de lo que yo había visto en México. Para mí habían sido tan importantes las tipografías que vi en México, tanto como las imágenes. Es algo que veo mucho en Sudamérica.
E: Al ver tus historietas fue inevitable vislumbrar algo del universo de autores como Franz Kafka, por ejemplo. ¿Qué otros referentes tienes?
T.O.: Es algo medio difícil y complicado de explicar, porque uno llega a tener cierta mentalidad que no ha elegido y bueno, es cierto que Kafka es Suizo- alemán y resurge el lado alemán y entre otras cosas el expresionismo alemán, pero no es necesariamente algo elegido por mí.
EL COMIC DE AUTOR
E: Es sabido por todos que las historietas más populares en el mundo son las de los superhéroes y no las del comic de autor...
T.O.: Hay una historia que escribí y que es medio ejemplar respecto de lo que pienso de los superhéroes. Es una historia corta que está en "Tales Of Error", se llama: The Hero. Se trata de un hombre joven y normal que sale de noche a caminar y ve una escena en la calle en que una mujer es golpeada y robada. En ese momento, como el joven es tímido y como además es un cobarde, no ayuda a la mujer y se siente culpable. Y bueno, cómo se siente culpable va a un gimnasio y durante un tiempo trabaja la musculatura y se vuelve un Schwarzenegger. Cuando sale del gimnasio observa otra escena en la que otra joven es golpeada por su pareja. Como un héroe, el joven se mete entre los dos, golpea al hombre, pero en ese momento el tipo saca una pistola, le dispara y mata al joven. Nuestro supuesto héroe muere tirado en la calle y la pareja vuelve a juntarse, aunque estaban peleando, porque eso era una escena de discusión cotidiana para ellos. Estoy seguro que el 70% de las historietas que funcionan mejor comercialmente en el mundo tienen que ver con cosas fantásticas, con superhéroes y que, en general, son malas, sin contenido, pero que al público le gustan porque en cierta manera es lo que están buscando. Eso implica que los autores que no quieren contar ese tipo de historias deciden escribir historietas más personales primero para ellos y para un público reducido.
E: ¿Es posible plantear la convivencia de la historieta de autor como complementaria de un mercado de historietas popular que pueda sustentar a un público que busca, desde lo popular, algo más artístico?
T.O.: Es difícil de responder. Yo pienso que lo uno no puede funcionar sin lo otro. Yo puedo hablar desde mi experiencia personal. No creo que sea capaz de trabajar para algo más comercial, porque es algo en lo que no me siento a gusto. No sería capaz de tomar un personaje conocido y desarrollarlo, porque necesito tener cierto grado de libertad en lo que quiero expresar. Cuando he trabajado en editoriales independientes en Suiza y Francia, mis trabajos nunca son grandes éxitos y se van vendiendo lentamente, pero nunca llegan a ser un best seller de venta. Pero hay otro autor que está en esa misma editorial independiente, que hace historietas cómicas de una página y que publica en los diarios de Suiza. En cuanto sale un libro suyo, se venden 30.000 ejemplares. Lo bueno es que dentro de esta pequeña editorial, las ventas de ese sólo autor permite solventar la publicación de otros cinco autores que venden menos.
EPÍLOGO
Nos despedimos con la certeza de que volveremos a vernos. Gentilmente me regala varios de sus libros y a modo de consejo cariñoso escribe sobre uno de ellos una dedicatoria con letra clara y en perfecto español: "¡QUÉ VIVA LA VIDA!". La frase es coronada con la presencia de una inevitable calavera que sonriente y burlona parece subrayar con su presencia la urgente necesidad de la cita. Porque claro, sólo la muerte puede conocer el verdadero valor de la vida. ¿No lo creen?
Mis agradecimientos a Thomas Dassance por su gentil y paciente labor de traducción.

Thomas Ott y Carlos Reyes

El propio Ott se retrata en "Recuerdos de México"

La muerte en "Recuerdos de México"

Una pagina de muestra del asombroso trabajo de Ott

"Únicamente la verdad" en esta página de "Recuerdos de México"

¡¡QUE VIVA LA VIDA!!

La despedida

Cinema Panopticum: El último libro de Thomas Ott

Una página interior de Cinema Panopticum