Análisis de Obras y Autores
Comic y Literatura
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TIEMPO DE NARRAR


No quiero que a estas alturas de los elogios a mis favoritos, el lector piense que los dibujos tienen cierta predominancia sobre la escritura en el cómic. Lo digo porque lo más frecuente es pensar que el cómic es antes que nada un arte de la imagen lisa y llanamente. Resulta obvio que se trata de una equivocación, puesto que no estaríamos hablando entonces de este diálogo entre la literatura y él cómic. Se me podría objetar entonces que no se trata más que de una excusa, que los cómics pueden visualizar cualquier cosa: una crónica, un hecho histórico, un hecho cotidiano, una acción mínima, un montón de ideas sueltas… Es cierto, el cómic puede hacerlo, como puede hacerlo el cine o el teatro, y es en eso justamente donde se encuentra el mayor punto de encuentro entre el cómic y la literatura, y en donde el primero se encuentra como deudor histórico del segundo. En ambos se trata de narrar (o anti-narrar o dis-narrar o a-narrar o no-narrar). Cada cual tiene sus propios medios y cuenta con casi infinitos recursos para lograrlo.

El hecho de que existan adaptaciones no es más que una muestra de que ambos lenguajes corren por caminos aledaños y que, muy frecuentemente, se observan mutuamente. Si tomamos al cine como un lenguaje que comparte también características con los que aquí nos preocupan, podremos darnos cuenta de que, desde el punto de vista de las estructuras temporales, se encuentra con ciertos problemas que lo definen en buena parte. En efecto, el cine se ve conminado a presentar el tiempo en términos reales (salvo que recurra a procedimientos técnicos de dilatación o condensación) y recurrir a elipsis por medio del corte o el fundido para avanzar en la narración. En ocasiones, esta imposición material se ha transformado en centro de muchos filmes: “La Soga” de Alfred Hitchcock, “Empire” de Andy Warhol o “A la hora señalada” de Fred Zinnemann. Estas son las experiencias imposibles en el caso de la literatura o del cómic.

Nunca podría, mediante las palabras, traducir de modo idéntico el tiempo de la realidad. Apenas aproximarme mediante la sugerencia. El caso del cómic es similar. La imagen estática me impide reproducir fidedignamente el flujo temporal del reloj. Es por esta razón que los cómics recurren a la organización eminentemente elíptica de la secuencia de pictogramas y a los procedimientos de asincronismo entre los gestos de los personajes y sus elocuciones al interior de los cuadros. Mientras que el cómic se plantea desde la máxima economía del relato impuesta por las características del medio, la literatura puede sumirse en la más permanente suspensión del tiempo, pero en ambos casos será el lector el que disponga de la duración textual de la obra. En el caso del cine es el propio texto el que impone el tiempo al espectador. Cualidad democrática de nuestros medios, podríamos decir.

Los juegos temporales son más frecuentes en la literatura que en el cómic y esto se debe quizás al hecho de que el cómic no ha llegado aún a una madurez generalizada. Porque como ya lo he mencionado, la mayor parte de la producción se encuentra sumida en la más idiota dinámica de la producción en serie. Aun así, los casos de autores maduros y con plena conciencia de as posibilidades y los límites reales del medio empujan a este joven arte hacía adelante. Ya hemos mencionado a Breccia, por su extraordinaria capacidad para llevar a escena atmósferas y personajes imposibles y realizar experiencias de transcripción temporal interesantes. Como él, Copi también jugó con las posibilidades del tiempo al dejar a sus personajes congelados por varios “segundos” sobre la página. Los tiempos muertos de “Las viejas putas” de Copi no causan tedio sino risa. [Podría jugar con las palabras: la historieta de los tiempos muertos. Dejemos que las palabras cobren sentidos en sus cabezas]. Se trata en ambos casos de autores argentinos, aunque el segundo haya hecho su carrera en Francia, y es por esto que voy a tratar de desviarme en el mapa para buscar más al norte otros referentes.

En la actualidad, podría asegurar que mis intereses me han llevado de vuelta a las producciones anglosajonas. Ya no me llama demasiado la atención la producción europea, salvo algunas excepciones, como la de F. De Felipe y Oscaraibar, especialmente en los antiguos países de avanzada, como Francia, Italia y España. Sólo algunos nombres para recordar autores que me impresionaron por las cualidades de sus estilos gráfico y narrativo: Guido Crepax, Hugo Pratt, Phillipe Druillet, Jean Giraud, Enric Sió, Boucq, Fred, El Cubri, Josep Ma. Beá y algunos otros. Hoy por hoy es justamente la vilipendiada industria de los superhéroes la que nos está entregando verdaderas innovaciones a todo nivel en el mundo del cómic.


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